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domingo, 19 de abril de 2015

Microrrelatos: "Descripciones sobre los sentimientos que les provoca el centro"

Os ofrecemos algunos textos que realizaron los alumnos de 3 de ESO. Son descripciones subjetivas sobre lo que los sentimientos y emociones que les provocan distintas zonas del centro:  vestíbulo de la entrada, las escaleras, los pasillos, las aulas...


La entrada.


Las escaleras... Esas escaleras que, por la mañana, resultan desagradables y siniestras. Esas en las que, al llegar a la cima, después de una escalada digna de ser comparada con la ascensión al Everest, nos permite observar el infinito y tortuoso sendero que es el pasillo. Camino que casi siempre cruzamos con desazón. En él reflexionamos, mientras observamos las paredes con cuadros azules, situados en cúmulos irregulares, y nos preparamos para nuestro funesto destino: "trabajar estudiando".
Sin embargo, a la hora del recreo, es como si todo se cubriera con un brillo especial, y todo resulta más agradable.


Álvaro Gascó.


Cuando entro en mi colegio siento que entro en un castillo; aburrido y poco interesante para mi gusto pero según nos vamos adentrando por el pasillo, siento que es un túnel, el cual nos conduce a distintas celdas con una función especial.
Cuando subo las escaleras me invaden muchas sensaciones: principalmente las pequeñas ganas de aprender algo más.
Siento que entro en un recinto con grandes murallas, las cuales me van a formar para mi futuro. Sin embargo, cuando bajo las escaleras y salgo del colegio, siento que el mundo es muy grande, y que ahí, en ese mundo, algún día estaremos todos ocupando el lugar y cargo que desempeñemos. Preparados para salir a la guerra más peligrosa, la vida.


Yaira Moledo Suárez.


Cuando yo me encuentro en nuestra aula, cuando estamos a punto de salir al recreo sólo pienso en atravesar ese pasillo  y dirigirme a las escaleras. El pasillo para mí es el primer paso hacia la libertad que nos proporciona el patio de recreo. Las escaleras son el punto culminante a esa sensación de libertad, ese momento en el que vas charlando con tus amigos  y con el balón en la mano, sabiendo que vas a tener un rato de diversión. Pero no siempre es bueno atravesar ese pasillo y esas escaleras. Por la mañana, esperando en el banco de la entrada, como si estuviéramos esperando para ir hacia el corredor de la muerte, suena la sirena y nos disponemos a subir esas escaleras, sabiendo que nos conducen a un lugar terrorífico para cualquier alumno, un lugar de aburrimiento y trabajo. Y cuando acabas de subir las escaleras, empiezas a ver ese pasillo que conduce a la puerta del infierno, sin poder volver atrás.  

Raúl Castelo Val.